Desconfio tanto de lo que pienso que sólo tengo la impresión de acertar cuando me contradigo - Me enamoro de la gente y la odio a partes iguales - Quiero morir, si no estás, de una muerte violenta... creo que hoy habrá tormenta
30.8.20
3.5.20
Miserias
Llegué al hotel, subí a la habitación, ojeé el cuarto de baño, vacié la maleta y abrí el armario, en cuyo fondo descubrí un cartel que decía: “IMPORTANTE LEER”. Qué raro, me dije, una campaña de animación a la lectura dentro de un armario. A los hoteles les importa poco que sus clientes lean. En la mayoría de ellos, después de haber encendido todas las luces, ha de moverse uno al tacto, porque las bombillas son 40 vatios o así. El asunto resultaba más curioso si añadimos que las perchas estaban dotadas de un sistema antirrobo, pues estoy en disposición de afirmar que los dueños de los hoteles con este tipo de perchas son unos miserables, unos mezquinos, lo más alejado, en fin, que quepa imaginar de personas con intereses culturales. Un individuo al que una percha de armario le parece algo digno de ser robado no ha leído jamás, por lo que resultaría chocante que animara a otros a hacerlo. El ladrón de perchas, en cambio, es un sujeto admirable. Alguien que sale del hotel con dos o tres perchas en la maleta es un ser inocente, un ingenuo, un ángel que ni conoce el precio de las cosas ni mide las dificultades. Se las quitarán en el aeropuerto, por si se le ocurriera raptar el avión a punta de percha, lo que nos parece razonable, ya que este trasto, fuera de su contexto natural, parece una herramienta diabólica, un objeto de tortura (quizá de sex shop),una amenaza.
Introduje la cabeza en el armario y advertí que el cartel de “IMPORTANTE LEER” se refería a las instrucciones de la caja fuerte, que se encontraban más abajo. De modo que al día siguiente, antes de abandonar el establecimiento, arranqué violentamente varias perchas, las troceé e introduje sus fragmentos en la caja fuerte, que dejé cerrada con una combinación imposible. Ya está bien de miserias, por favor, que una cosa es la crisis y otra la sordidez.
Juan José Millás
16.03.2012
26.4.20
Lauren
Tú en tu casa, yo en la mía. Tú tomando el sol en ropa interior en tu terraza con vistas, yo pasando las horas mirando por la ventana; dejando volar la imaginación. Y es que desde que, accidentalmente, coincidimos, lo noté. La conexión fue brutal. Tu sonrisa me cautivó. Y aún me sorprendo por la cantidad de coincidencias. Me imagino paseando por el barrio de tu infancia, contigo al lado, detallándome todo aquello importante durante tus primeros años de vida. Presentándome a tu madre. Presentándome a tu padre. Me imagino paseando también contigo por donde vivo, explicándote mis pequeñas rutinas que ahora tanto extraño. Presentándote a mi familia. Nos imagino también descubriendo lugares nuevos, ciudades nuevas, países nuevos para los dos. Escuchando juntos nuestro tema preferido. Yendo juntos a ese concierto. Sí, sé que son tiempos difíciles para imaginar. Sé también que ninguno de los dos tenemos situaciones fáciles. Te pido que seas paciente, yo también intentaré serlo. Pero merecerá la pena. Tú preparando siempre esos platos healthy que a veces me enseñas, yo con mis recetas dulces. Tú en tu casa, yo en la mía.
"y yo... yo me quedo contigo aquí"
4.3.20
Diálogo parcial
Me pasaría el día
contándote cada una de estas pecas que tienes en la cara.
Y eso que no eres
pelirroja eh.
Quítate las
gafas, porfa.
Vaaaa.
¡Es que son
diminutas!
Mira, aquí tienes
como 3 juntas.
Ya bueno; pues créetelo,
que te lo digo yo.
Nooo.
Va un ratito más.
Es que eres tan
guapa.
¡Qué tonterías
dices!
Te tendría que
dar igual lo que diga esa “gente”.
Anda va. Ya has
salido con lo de la edad. Si estás en la flor de la vida.
A mí me encantas.
Y cada día te salen nuevas pequitas. ¿Lo sabias? Pues sí. Te lo digo yo que
cada día me fijo. Si no fuera por eso creo que nunca me habría fijado en ti.
¿Pero qué dices? ¿Como
vas a ser una más?
Se dió cuenta
todo el tren de la conexión que tuvimos.
Bueno, lo
importante es que ahora estamos aquí los dos, ¿no? Super bien. ¿Porque estamos
super bien no?
Bueno, me tengo
que ir.
28.1.20
BISagra
¿Recuerdas cuando te dije que era nuestro mejor momento? Lo creía francamente y aunque es cierto que hacía poco tiempo lo había pensado también (existía una sensación de ascensión sin límite), a partir de ese día ya todo cambió. Poco a poco. Algunas cosas se torcieron. Otras salieron demasiado diferente a lo previsto. Es difícil de explicar. Pero para mí es fácil ver que ahora no estoy en mi mejor momento. Y creo que nunca lo estaré. Creo que aquel fue mi mejor momento. Nuestro mejor momento. Pero, como si de la bisagra de una puerta hablaramos, se fue cediendo esa articulación que al principio era perfecta. Intentamos ponerle aceite de ese que llaman 3 en 1. En un primer momento mejoró pero al poco nos dimos cuenta de que el movimiento entre los dos, aunque lo podía parecer, no era como al principio. Tanta fricción nos acabó por perjudicar a los dos. Poco a poco nos íbamos dando cuenta. En cada discusión, en cada viaje en coche, en cada mensaje de chat. Y continuábamos. Íbamos haciendo, día tras día. A la espera de una mejora que sabíamos perfectamente que no iba a llegar. Y construíamos planes de futuro. Sin duda era lo más sencillo. Continuar como si tal cosa. Forzar y forzar esa bisagra que nunca llegará a volver a cerrar la puerta bien en vez de sustituirla. Hasta que llegó un día en que la bisagra presentaba un aspecto oxidado. Todo el mundo a simple vista lo detectaba. Pero nosotros tratábamos de hacer como si nada. Lidiábamos con aquello que llamábamos "los problemillas del día a día". Volvíamos una y otra vez tras cada disputa. Pero llegó un día que se rompió la bisagra y la puerta cayó al suelo y se rompieron los cristales que la formaban. Tanto tratar de aguantar la situación provocó que todo se acabara rompiendo en mil pedazos.
1.11.19
En el FGC
- Perdona.
- (…)
- Perdona. Ya hemos llegado.
- Ah sí… gracias. Me había quedado empanada.
- Sí… jeje ya te veía. Casi te vuelves de nuevo para Terrassa.
- Pues no hubiera estado mal eh. Total, para lo que tengo que hacer aquí.
- ¿Qué pasa? ¿Te quedan por delante 10 horas de oficina?
- Peor
- ¿Peor? ¿11 horas?
- No, no. Es que…
- Perdona si te estoy insistiendo demasiado. Tampoco nos conocemos de nada.
- No. No importa. Es que resulta que tengo que ir al tanatorio.
- Ah ¡ostras! ¿Ha sido por sorpresa?
- Bueno, más o menos. Llevaba mala un tiempo y al final no lo soportó más.
- Me sabe mal. ¿Era alguien muy cercano?
- Mi gata.
30.10.19
Bye
Y poco a poco se le fueron pasando las ganas de vivir.
En cada domingo por la tarde. En cada compromiso familiar. En cada puesto de trabajo. En cada mentira que tenía que escuchar. En cada injusta noticia que recibía. En cada discusión absurda. En cada situación que no lograba comprender.
Y llegó un día en que las ganas no eran suficientes. Un varapalo final le dejó callado para siempre. Desconfiado y sin ganas de más. Sin ganas de seguir con todo lo que tenía que hacer. Sin ganas ni de escribir más. Sin ganas de nada. Y se fue. Se fue para siempre.
30.9.19
Palabras
La sensación es parecida a cuando estás en una sala vacía,
sin ningún ruido. Como estoy ahora yo. Solo esperando a que pase el tiempo.
Y así, en silencio, se te va acercando. La primera
vez no le das demasiada importancia, te coge muy lejano. Y poco a poco, a
medida que tu edad avanza, los casos a tu alrededor se multiplican.
Pasa de ser la prima del pueblo de tu vecina a la cuñada de
tu mejor amigo. Pasa de ese cantante con el temazo de hace 20 años a la hermana
de la clienta de tu tienda, al tío de tu amiga o a tu compañero de trabajo.
Hasta que llega un día que te toca a ti. Primero te resistes
a ir al médico por esa tos. "Ya se me pasará"... pero cuando te
llaman para que vayas lo antes posible a la consulta, empiezas a preocuparte.
Y entonces es cuando van a ti directamente dirigidas (y
difícilmente digeridas) esas extrañas palabras: "biopsia",
"melanoma", "linfoma" o "metástasis".
Y te obligan a olvidar, poco a poco, algunas palabras hasta
entonces familiares: "benigno", "antídoto" o
"cura".
Y te resignas a cambiar tu esperanza por interminables horas
en silencio en cualquier hospital mientras grabas a fuego en tu memoria una
nueva palabra: "quimioterapia".
Y es que incluso si lo consigues, acaricias la
"victoria" y logras alejarte de la palabra "muerte",
siempre te estará acechando la "recaída".
8.7.19
Lo que podríamos llegar a ser
Mientras ella ríe por algo que ha dicho él, él está callado,
observándola.
- ¿En qué estás pensando ahora mismo?
- Pues... ¿quieres que te sea sincero?
- Claro. A ver, sorpréndeme.
- Mm... ¿nunca has pensado en la posibilidad de que
lleguemos algún día a ser pareja?
- ¿Cómo?
- Nada, olvídalo
- ¿Cómo, cómo? ¿Qué dices? Tu estás casado. ¿Porque piensas
eso?
- Sí, ya. Y tu tienes pareja y un hijo.
- Entonces, ¿a qué viene eso?
- Bueno, ya sabes que 6 de cada 10 parejas se separa, ¿no?
Bueno, casi 7, en realidad.
- Ya bueno pero no sé... eres mi amigo.
- Sí, sí. Y tu mi amiga pero ya sabes, a veces las cosas dan
muchas vueltas.
- Pero... ¿tantas?
- Bueno, no sé. Desde que te conocí pensé que podíamos
congeniar muy bien. Que nos podríamos entender.
- Ai no sé.... se me hace raro esto que me dices, la verdad.
- Olvídalo, quizá mejor que no te lo hubiera comentado.
Ahora ya no me mirarás igual.
- No te preocupes. Yo también lo había pensado.
6.7.19
Percepciones
A veces la concepción de nosotros mismos difiere mucho entre
la que tenemos nosotros y la que tienen los otros. Por ejemplo, uno se cree muy
aventurero por coger un avión e irse a la otra punta del mundo con una tarjeta
llena de dinero para escoger, día tras día, el mejor sitio para hospedarse. Y
luego, hay quien, como Albert Casals, sale de casa en silla de ruedas para vivir una
aventura parecida pero sin prácticamente dinero, improvisando mientras conoce a
todo tipo de gente. Para él, el primero tipo de viaje no es realmente ninguna
aventura.
Pues bien, el otro día me pasó que me estaban comentando la
concepción que tenían de mí en un cierto campo y me llamó mucho la atención. Yo
visto desde otros vs yo visto desde mí. Había admiración en esa descripción y
me sorprendió mucho, pues destacaban algo que nunca me había llamado a mí la
atención. Quiero decir, que nunca pensaba que destacaba en eso. Fue extraño y
me dejó pensativo.
Al final, la concepción de nosotros mismos está sujeta no
solo a nuestra experiencia sino también a todos estos comentarios que vamos
recibiendo. Los interiorizamos y forman parte de nuestros pensamientos y
concepciones. Y es que no solo somos esclavos de nuestros actos sino también de
nuestros pensamientos; que nos anclan a unas posiciones y nos ciegan la
posibilidad de cambiarlas.
3.5.19
Texto sin final 1
El protagonista de esta historia llevaba tiempo sin acabar de encontrarle el sentido a nada. Cada mañana cogía el metro para llegar hasta el trabajo. Lo tenía todo ya automatizado así que no solía prestar especial atención a nada. Y todo esto está escrito en pasado porque esta semana no ha sido así.
Este último lunes, en el intercambiador de metro entre la línea 3 y la línea 1, se ha cruzado con una chica. Sí; en realidad se ha cruzado con muchas pero con ella, por casualidad, se han cruzado las miradas y, como si uno fuese el reflejo del otro, han sonreído a la vez. Ha sido bastante extraño pero ese hecho que ha pasado en cuestión de segundos le ha dejado pensativo toda la mañana.
Esa misma tarde, al llegar a casa, él ha llamado a un teléfono de una chica que se anunciaba en el periódico. "Discreta y profesional" rezaba el anuncio. Nunca había llamado antes a uno de estos teléfonos pero como decía antes, el protagonista llevaba tiempo sin encontrarle el sentido a nada así que ha probado suerte. Han estado no más de cinco minutos hablando por teléfono pero él se ha quedado con ganas de más.
El martes y el miércoles de esa semana han seguido cruzándose por la mañana. Autómatas los dos, han cogido siempre los mismos metros y se han cruzado en el mismo largo pasillo del transbordo (metro arriba, metro abajo).
Esos mismos días, por la tarde, ha llamado a Sara; que así le ha dicho que se llama la discreta y profesional del anuncio. Tan solo han hablado; ni siquiera han contemplado la opción de verse un día. No hacía falta. Él ha asociado de forma directa aquella cara y aquella mirada del metro (cuya persona nunca ha escuchado) con aquella voz del teléfono (cuya persona nunca ha visto).
El jueves no ha visto a la chica del metro porque él no se encontraba bien y no ha ido a trabajar. Para no ser infiel a la chica de la mañana, no ha llamado tampoco a la de la tarde.
Finalmente, hoy viernes, ha pasado algo inesperado. El protagonista ha cruzado una nueva sonrisa con la chica del metro por la mañana pero, ya por la tarde, al intentar llamar a Sara, no le ha contestado la misma persona. Después de mucho insistir, le han explicado que ha tenido un accidente y él ha entendido esto como una señal: tiene este fin de semana para dar con ella y evitar el suceso que haría que la semana que viene no se puedan cruzar en el metro.
1.5.19
Keep on going, little princess
¿Crees que el tiempo pasa muy deprisa?
Pues bien, yo empecé a escribir esto el día que por fin conocí a tu pareja. Me habías hablado mucho de él pero no me lo acababa de imaginar. Sobre todo no acababa de ver qué tipo de interacciones habrían entre vosotros dos. No tengo nada contra él. Me cayó genial pero en seguida lo vi claro: te mereces mucho más. No te lo dije aunque quizá me lo notaste. O quizá no. Tampoco era el momento: estabais esperando vuestro primer hijo.
Estoy convencido de que lo educaréis genial. Estoy convencido de que lo comprobaré en primera persona. Quizá yo le consiga aportar algo importante. Quizá él se convierta para mí en el hijo que nunca llegaré a tener.
Y es que me estoy dirigiendo a tu yo del futuro. Porque la vida da muchas vueltas y, simplemente por estadística, probablemente llegue el día en que tu pareja o/y tu decidáis tomar cada uno un camino. Y así de simple, puede que un día, tú y yo nos veamos de manera diferente el uno al otro.
Y todo esto lo escribo porque estoy seguro de que estamos hechos el uno para el otro. Porque creo que, juntos, nos queda mucho por vivir. Hasta ese posible futuro, keep on going!
1.2.19
Hasta pronto
Pues ya está. Ha llegado el día. Se acerca el momento de
apagar el PC por última vez. Es extraño decir adiós para afrontar un cambio
así.
Hoy acabo de escribir uno de los capítulos del libro de mi
vida. Un capítulo lleno de experiencias. Y es que en estos casi 6 años han
pasado muchas cosas significativas para mí; dentro y fuera del trabajo. De
hecho, creo que una parte de mí se queda aquí. Y una parte de todos vosotros me
la llevo conmigo. Sin duda, muchas de las experiencias y recuerdos ya han
cambiado en parte mi forma de ser.
Llegue aquí por casualidad. Y otra casualidad hace que vaya
en busca de una nueva aventura. ¿Quién sabe si una casualidad futura nos vuelve
a hacer coincidir para que forméis parte de un nuevo capítulo?
Sea como sea, donde seguro que os incluiré será en el
apartado de “agradecimientos”. Ha sido un placer trabajar con todos vosotros.
Aunque con algunos he trabajado menos que con otros, puedo estar seguro de
conservar un buen momento junto a cada uno de vosotros.
Gracias a todos por ayudarme a crecer personal y
profesionalmente.
28.1.19
Punto y final
En unos días me habré ido. Me iré para siempre. Porque yo no soy de los que vuelven. Si el destino me lo marca, que sea así; sin vuelta atrás. Y no puedo evitar pensar en que aquí todo continuará igual. Igual pero sin mí. Cada uno de mis compañeros estará, el lunes que viene, siguiendo con sus historias. Y yo, poco a poco, caeré en el olvido. Igual que si hubiese muerto.
Otro compañero ocupará mi plaza de parking. Ésa que queda bajando a la derecha; resguardada del tránsito. Alguien se sentará en mi sitio; hasta ahora nunca ocupado por ninguna otra persona. E incluso alguien suplirá mis bromas en la hora de la comida. La compañera con la que he estado tan unido estos últimos meses buscará un nuevo confidente. Y los que chismorreaban sobre mí tendrán que encontrar una nueva diana.
Y es que la vida está llena de múltiples caminos. Me encantaría salvar la partida y ver, de forma acelerada, el futuro de cada opción. ¿Quién sabe qué ocurriría si me quedase? Quizá me ascenderían en unos años. Quizá cambiaría de departamento. Quizá me echarían. Quizá encontraría a mi mejor amigo. Quizá encontraría al amor de mi vida. Quizá no.
No ha sido fácil atreverse. El miedo a salir de tu zona de confort te oprime. Pero ya he tomado una decisión. Es momento de cerrar una puerta para abrir otra.
Otro compañero ocupará mi plaza de parking. Ésa que queda bajando a la derecha; resguardada del tránsito. Alguien se sentará en mi sitio; hasta ahora nunca ocupado por ninguna otra persona. E incluso alguien suplirá mis bromas en la hora de la comida. La compañera con la que he estado tan unido estos últimos meses buscará un nuevo confidente. Y los que chismorreaban sobre mí tendrán que encontrar una nueva diana.
Y es que la vida está llena de múltiples caminos. Me encantaría salvar la partida y ver, de forma acelerada, el futuro de cada opción. ¿Quién sabe qué ocurriría si me quedase? Quizá me ascenderían en unos años. Quizá cambiaría de departamento. Quizá me echarían. Quizá encontraría a mi mejor amigo. Quizá encontraría al amor de mi vida. Quizá no.
No ha sido fácil atreverse. El miedo a salir de tu zona de confort te oprime. Pero ya he tomado una decisión. Es momento de cerrar una puerta para abrir otra.
3.1.19
La vida (2)
Hace tiempo que quiero escribir pero no encuentro el momento. Lo voy dejando, inmerso en otras actividades más concretas (aún más). De repente me decido: hoy es el día. Enciendo el ordenador dispuesto a escribir alguna de las ideas que en los últimos días me rondan por la cabeza. Alguna de las ideas sobre lo humano; sobre la vida; sobre las historias de la vida; sobre el sentido de la vida. Voy a entrar al blog, ya ni recuerdo la última entrada que tengo publicada. Anda, de finales de 2017. 2018 ha quedado en blanco. Bueno, pues voy a leer la última.
(...)
Pues la verdad que se decían cosas interesantes. Recuerdo el motivo y los significados de cada uno de los puntos. Creo que lo que pueda añadir en un nuevo texto solo enturbiará la nitidez con la que redacté aquel pequeño escrito. Hoy ni lo voy a intentar. Quizá otro día...
23.12.17
La Vida (1)
Hay veces que parece que la propia vida se encargue de enseñarte lo cruel que puede llegar a ser. Es como para que te des cuenta y, por comparación, te sientas afortunado. Me encantaba pensar "estoy en mi mejor momento" pero ahora no es así. Las cosas cambian rápido y de la noche a la mañana tu pequeño mundo que vas construyendo día a día, con paciencia, se desmorona. Hay veces que hacemos planes. Quizá demasiados planes. Llega la vida y te dice, ¿qué te crees? Yo tengo algo que decir. Y te lo dice claro, sin preámbulos. Parece imposible continuar cuando te sientes tan extraño y enfadado con tu entorno. Cuando lo personal y lo profesional parece que se unen para que no veas más allá. Cuando le pierdes el sentido de todo. Cuando ya no sabes cómo proseguir. Pero siempre, lo importante, es proseguir. Sea como sea; un día, luego el otro y continuar. Porque siempre hay un día que será el punto y final. Y de nuevo será la vida quien lo decida por ti. A veces demasiado pronto. A veces demasiado tarde. A veces demasiado injusto. Y cuando ves a alguien que se te va, te planteas de nuevo el sentido de todo. Te planteas qué coño haces perdiendo el tiempo con estupideces. Te planteas que eres un idiota que no sabe nada. Y que se cree saber todo. El otro día, en la tele, escuchaba a Pablo Carbonell: "Solo hay dos problemas en la vida. Uno que te mueras. Y el otro, que te digan que te vas a morir. El resto se puede solucionar". Y aunque es difícil, te esfuerzas en continuar, en buscar esa solución aunque pueda ser dolorosa. Y aunque es difícil, te sientes afortunado. Afortunado por no estar al amparo de la vida. Por no vivir mirando el calendario. Por no vivir contando tus horas. Por no vivir sintiendo que es tu última cena de navidad. Por no sentir que los "problemas" del resto son gilipolleces. Y por no parecer un desagradecido con la vida.
18.8.17
Día de valientes
Hoy es un día para valientes. Para héroes. Para aquellos que, después de lo que pasó ayer, salen a la calle. Aquellos que van a trabajar. Más aún aquellos que tienen que ir o, siquiera pasar, por el centro de Barcelona.
Las noticias ayer volaban. Se cruzaban, algunas en dirección totalmente opuesta. La TV interrumpió toda su programación para informar de todo lo que se supiera (muchas veces con un retraso de tiempo importante). El móvil vibraba; tanto por las noticias y vídeos a través de Whatsapp como a través de Twitter (muchas veces a tiempo real). Caos, confusión e incerteza durante horas.
La sociedad se volcó. Es emocionante ver cómo el resto de conflictos se dejan a un lado para colaborar. Para ofrecer lugar donde resguardarse durante unas horas interminables. Para donar sangre. Para ofrecer cama donde (intentar) descansar. Para desplazarse gratuitamente -ya sea en transporte público o en taxi- y alejarse del centro.
Mención a parte tendrían aquellos obsesionados, que en vez de ayudar, se dedicaron a grabar y compartir momentos de dolor sin ningún tipo de respeto.
Hoy la gente no habla por hablar. Es lo que ocurre siempre después de algo así. Reina el silencio que solo se rompe para hacer comentarios sobre un mismo tema; lo que ocurrió ayer. Se comparten opiniones o experiencias y cada uno reflexiona en silencio.
La noche ha sido larga y complicada; repleta de miedos. Ha costado que saliera el sol. Pero un nuevo día ha aparecido repleto de esperanza. Esperanza para los valientes.
La gente en la calle observa. Un punto atemorizada; en alerta. Están atentos para reaccionar ante cualquier situación extraña que evoque al horror de ayer. Están atentos para ayudar.
¿Ayer? Ayer fue un día de cobardes.
3.2.17
Una vida vale 800 euros en los Encants
Una vida vale en el mercado de los Encants 800 euros. A
veces un poco más. El pasado lunes, por una cómoda y un armario, los libros,
los discos de vinilo, el álbum de fotos, abierto por la página del día de la
boda, la colección de sifones, platos decorativos de plata bien bruñida, una
máquina de escribir Underwood de cuatro filas de teclas, o sea, tal vez de los
años 40, la vajilla de porcelana, una santa cena de baldositas cerámicas, una
mesita de noche de tres patas, con su lámpara de tulipa glaseada, y decenas de
objetos más se pagaron casi 6.000 euros. No es lo habitual, pero 6.000 euros
por los objetos de toda una vida sigue sin ser gran cosa. Los Encants no
necesitan ser presentados a estas alturas, pero sí sus subastas matinales, que
por estas fechas comienzan cuando aún no se ha asomado el sol.
Tres días a la semana llegan los camiones cargados con el
contenido casi completo del piso de algún recién fallecido. Lo de siempre, la
familia no sabe qué hacer con todo aquello y lo malvende o lo entrega a cambio
de nada. Lo que importa es el piso. No el contenido. Cada vida, así, es un lote
que llega a bordo de un camión. En la plaza central de los Encants, sobre el
suelo, tres días a la semana se subastan 39 lotes. Son los que caben. Cada puja
no suele durar más de un par de minutos. Menos que un funeral. Para alguien que
asiste por primera vez a esta ceremonia (como es el caso), resulta perturbador.
Una charla a pie de lote con Jordi Baron, sobresaliente coleccionista de fotos
antiguas e institución en este bazar único en el mundo, hace más amargo aún este
cáliz cuando con una frase lo resume todo. “Todos terminaremos algún día en los
Encants”.
Cada puja comienza con la misma frase por parte del
‘speaker’. “Material tal cual lo ven”. Así es. Los lotes, las vidas, ocupan un
rectángulo de unos 10 metros cuadrados sobre el suelo. Lo que se ve es lo que
hay. A veces aclara si a una silla le falta una pata y si esta está por ahí,
para que quede claro que es una incidencia reparable. Después, comienza la
venta. El precio de partida es a veces de solo 60 euros. Realmente no somos
nada. Con gestos casi imperceptibles, la cantidad sube. Se hace dificil
establecer una media exacta, pero no es disparatado concluir que una vida se
despacha en los Encants por unos 800 euros. Los compradores suelen ser
marroquís, unos tipos encantadores. Son parte de la vida cotidiana de este
mercado. El lote se subasta entero. Después ellos se encargarán de trocear la
pieza, como si fuera una vaca argentina, con buenos cortes. Alrededor de la
subasta suele haber quienes ya le han echado el ojo a un cuadril, un lomo o un
bife. Mustafá, por ejemplo, es el hombre al que buscan los cazadores de
negativos fotográficos, un subgrupo singular en este ecosistema matinal, gente
a la que algún día esta ciudad tendrá que hacerle un homenaje, porque con su
afición están salvando Barcelona de una dolorosa amnesia audiovisual. Años
atrás, en los antiguos Encants, estas subastas también se llevaban a cabo, pero
entonces aquello era un pandemonio. Los compradores se quedaban el lote entero,
pero solo se llevaban luego los objetos que suponían que revenderían con
facilidad. El resto se quedaba ahí disperso, sobre el cemento, a veces bajo la
lluvia, hasta que pasaba la brigada municipal y lo trituraba todo, como un
‘steak tartare’ de recuerdos, muebles, cuadros y fotos de la primera comunión,
quizá algún tesoro.
Algún día --predice Baron-- llegaran aquí los muebles de
Ikea, las fotos en discos duros o en lápices de memoria, el monopatín que ya
nunca salió de casa desde que comenzó a fallar la cadera, pero de momento el
patrón común es otro. Muchas vírgenes y santos. Porcelanas. Recuerdos de la
mili. Colecciones de búhos. Cuando fallece un médico de los de antes no es
extraño que junto a la biblioteca de tratados de anatomía aparezcan un par de
cráneos. En el caso de que el finado sea un jefe de estación, la gorra y el
bastón de ferroviario. En lo funerales, laicos o religiosos, se despide a un
amigo. En los Encants se le conoce a fondo. Impúdicamente, se podría decir. El
miércoles, en dos de los lotes había un pequeño rincón de revistas cochinas,
setenteras. “Chicas de lujuria”, prometía la portada de una de ellas. Susana
Estrada mostraba una teta, muy poco para ser ella.
En la subasta de otro piso, un ejemplar infantil de ‘Marco,
el niño genovés’, apenas tapaba un ejemplar de ‘La Porra’, revista lúbrica que
en ese número prometía obscenos cuentos de burdel. Aquello era la vida más
privada de alguien. Un vicio. Eso no estaba a la vista cuando recibía visitas
en casa. El intento de explicarle a un amigo de Mustafá quién era Susana
Estrada termina en un absoluto fracaso. No parece que sea solo una cuestión de
idiomas. No comprende lo que supuso aquella teta para la política municipal
madrileña.
La entrada a la subasta, por si no había quedado claro, es
libre. Madruguen. Hay quien cree de un tiempo a esta parte que Barcelona es el
ombligo del mundo. Es muy discutible. Pero, venga, si se acepta la tesis, que
quede claro que no lo es por su glamur, impostado la mayoría de las veces, sino
por lugares como los Encants. No hay ombligo sin pelusilla.
http://www.elperiodico.com/es/noticias/barcelona/una-vida-vale-800-euros-los-encants-5782826
6.5.16
Sigmund Freud
Sigmund Freud fue, es y probablemente será para siempre uno de los rostros más polémicos de la filosofía moderna. Revolucionario, controvertido, sin pelos en la lengua pero de gran influencia en la psicología, las opiniones de Sigmund Freud siguen siendo tema de debate y polémica siete décadas después de su muerte. Los «dimes y diretes» que lo acompañaron durante su vida se han transformado en controversias después de su muerte. Porque Sigmund Freud no pasó inadvertido.
Nacido tal día como hoy hace 160 años, Sigmund Freud, es probablemente el filósofo al que más leyendas -doradas y oscuras- persiguen. Su complicada personalidad ayudó a levantar el mito. Sus fobias y sus filias le convirtieron en un hombre mucho más odiado y despreciado que admirado, sobre todo en su tiempo. Tampoco ayudaron sus teorías. Los descubrimientos que se apuntó sobre la sexualidad infantil, y particularmente sobre el complejo de Edipo, lo colocaron en la diana del escándalo.
Tampoco acompañaban los tiempos. En la época en la que Sigmund Freud trabajó, la estricta moral victoriana impregnaba cada actividad del día a día. Y, seamos sinceros, Freud era en su tiempo y en cualquier otro, un hombre complejo. Para muestra, un botón. Sigmund Freud desarrolló un extraño e inexplicable miedo por el número 62. Jamás se alojó en una habitación que tuviera este número (o alguna de sus combinaciones) y si se topaba con estos dos dígitos juntos, huía de ellos de formas, a veces, realmente extrañas. Pero sus fobias no se resumían en este pequeño detalle. Freud también sentía terror por los helechos.
Tampoco sus filias mejoraron su imagen. Hombre de costumbres estrictas, Sigmund Freud tenía que almorzar todos los días a la 1 en punto de la tarde, tras lo que se levantaba -de manera obligatoria- para salir a dar un paseo de tres kilómetros exactos por las mismas calles de siempre. No era amigo de los cambios. Tampoco en lo que a ropa se refiere. Desarrolló desde temprana edad una curiosa aversión a la ropa nueva, por lo que en su armario colgaba siempre tres trajes, tres mudas de ropa interior y tres pares de zapatos.
Fumador compulsivo, Sigmund Freud coqueteó con la cocaína, una droga que, tal y como él mismo escribió en una carta del año 1886 a su prometida, comenzó como una ayuda «para liberar la lengua» en las fiestas de la alta sociedad de la época y que finalmente se convirtió en una adicción que le perturbó el ánimo y en ciertas ocasiones hasta el juicio. Y dejó constancia de ello. Freud comentó sus experiencias con esta droga en un ensayo que se intentó censurar durante muchos años. La consideraba un elixir de la vida. Quizás por ello dedicó gran parte de su vida a intentar probar sus usos terapéuticos. Probó en su propia piel la efectividad que poseía la cocaína a la hora de calmar la ansiedad e incrementar la líbido. Le gustó. Y la recomendó. A amigos y familiares recetaba unos gramos de lo que él consideraba la mejor forma de «convertir los días malos en buenos, y los buenos en mejores».
Después de varios años bajo el poder blanco, Sigmund Freud decidió apartar el vicio de su vida cuando contaba 40 años. Las taquicardias que experimentó y la merma de sus capacidades intelectuales fueron razones suficientes para el genio.
Pero las sombras no pueden tapar a las grandes luces que acompañan a Sigmund Freud. La pluma de este médico neurólogo dejó lo que muchos siguen considerando la piedra angular del psicoanálisis y de la psicología. La teoría que sustenta el psicoanálisis, cuyo objetivo es básicamente el tratamiento de enfermedades mentales, intenta explicar el comportamiento de los humanos, para lo que se basa en el análisis de los conflictos sexuales inconscientes que se originan en la niñez. La teoría que lo sustenta sostiene que lo impulsos instintivos que son reprimidos por las conciencias acaban siendo permanentes en el inconsciente y afectando a los sujetos.
http://www.lavozdegalicia.es/noticia/informacion/2016/05/05/sigmund-freud-estrictopadre-psicoanalisis-dejo-llevar-adicciones/00031462472461242977551.htm
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