La semana pasada en clase se nos mostró un video donde cerca de 3000 maravillosos americanos enseñaban a sus hijos a utilizar correctamente pistolas con balas reales. Esas mismas personas se extrañaban cuando se les indicaba que en España esta prohibido el uso de armas. Nos han comentado (simplificando mucho) que no se trata de locura, sino de diferentes contextos donde las personas tienen diferentes “costumbres” y que nosotros no estamos a salvo de contradicciones impactantes.
No entraré en discusiones. Me pregunto si es necesario ese nivel de análisis. No se trata de que me satisfaga ese tipo de desconocimiento y mantenga una posición de cerrar los ojos e ignorar lo más posible. Muy lejos de mi pensamiento suele estar conformarme con las explicaciones banales que nos envuelven sin buscar planteamientos nuevos o secundarios. Tampoco me conformo con el desconocimiento propio, sino que intento satisfacer la curiosidad.
A la gente que nos complicamos en buscar extrañas explicaciones y rebuscados argumentos nos impresiona cuando alguien comprime de forma clara y fácil una idea que llevamos tiempo meditando. Así como aquellos que se dedican a un oficio “simple”. Y no lo digo con ningún desprecio ni infravalorización, sino más bien al contrario, sorprendiéndome de que, por ejemplo los músicos, sin buscar mayor explicación, consigan hacerte sentir experiencias indescriptibles con melodías únicas. Y entonces me acabo preguntando si vamos en el buen camino. Si realmente los beneficios que conseguimos son claramente superiores a los esfuerzos invertidos. Y no veo la respuesta nítidamente. No estoy convencido de que acabe sirviendo aquello que intentamos descifrar complicándonos tanto (que ironía).
No acabo de aceptar que yo piense esto, aunque está claro que las ideas simples son inminentemente destruidas en el momento en que se piensa en ellas. ¿Seamos simples?
-Abierto turno de opiniones al respecto-













